
Un nuevo paradigma educacional adecuado al contexto social y a la creatividad personal debe:
A. Comprender, fomentar y valorar la capacidad personal y social de educadores y educandos, mediante una participación más activa en la que se resuelvan, de modo innovador y creativo, los problemas.
B. Formar una persona que sea capaz de:
a) situarse frente a su entorno: colegio, familia, comuna, ciudad, de manera personal, imaginativa, genuina, divergente;
b) apreciar con sensibilidad el mundo de la cultura, del arte, de la literatura, del lenguaje, de la historia, creado por él mismo y por otros;
c) moverse con y por una curiosidad vital que le facilite apropiarse de las tecnologías y adelantos técnicos que su contingencia le ofrezca.
La educación precisa, si aún no lo ha hecho, hacer suya la idea de que toda forma de educación parte del sentimiento, y la experiencia íntima se comparte a través del lenguaje y se comunica a los demás y se intelectualiza en una acción creadora de signos, símbolos y significados.
El sello que el nuevo paradigma educacional requiere imprimir a los alumnos es el de una completa adecuación a las circunstancias espacio-temporales, para descubrir la contingencia y las posibilidades implícitas de trascendencia. Por ejemplo, en la clase de Geografía, el alumno se adueñará de su entorno, sabrá descubrirlo y analizarlo en el texto literario, científico, histórico o informativo y podrá recrearlo mediante una descripción viva del lenguaje, ya sea en lengua castellana, inglesa o francesa.
Una educación innovadora, interactiva, implica el desarrollo integral, conjunto del profesor y de sus alumnos. Es decir, tanto profesor como alumnos queremos y aceptamos:
• Ver en el otro a un ser humano que busca, ama, sueña, imagina, piensa y espera un mundo mejor.
• Reconocer la naturaleza como fuente de energía poseedora de una maestría natural que, con el movimiento rítmico del ciclo, nos enseña el espacio fundante y el tiempo fugaz: lo que permanece y lo que cambia.
• Atrevernos a buscar lo nuevo sin desconocer lo valioso del pasado, la tradición que enraíza.
• Recuperar lo humano trascendente.
• Desbloquear el sentimiento, la afectividad, la sensibilidad.
• Permitirnos ser alegres.
• Tener la osadía de reírnos de nosotros mismos, incluso de aquello que nos avergüenza;
• Ser flexibles para considerar las cosas desde ángulos y perspectivas diferentes.
• Reconocer que cada ser humano es distinto y valioso, por cuanto las diferencias que existen en el otro nos complementan.
• Respetar la divergencia, la diversidad, lo diferente, lo innovador, la creatividad: todo es posible.
• Aceptar el miedo, el desamparo, la inseguridad, el temor a la caducidad del tiempo, al absurdo de la vida, el sin sentido de la muerte y, a pesar de ello, tener el coraje de vivir, de entablar relaciones, de comprometerse con la propia existencia y con la de otros.
• Atreverse a salir al encuentro del destino y tener la capacidad de rebelarse contra el tiempo disgregador, la soledad, el absurdo, el tedio, la indiferencia, la enfermedad, la muerte
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