Los Festines: En los banquetes con que celebraban las fiestas — torneos, casamientos, bautizos, etc. — también se servían a más de las aves de corral, perdices, avutardas, cisne y pavos reales o pavones. Los guisos se sazonaban d manera exagerada. Esos festines, harto prolongados, se interrumpían reiteradas veces con diversiones muy variadas, llamadas entremeses; una de ellas consistía en servir enormes pasteles que, al abrirlos, dejaban escapar multitud de pajarillos, y en soltar halcones que les daba; caza allí mismo. En aquella época se comía con los dedos, pues e tenedor era tan maravilla en el siglo XV, que el rey de Francia, Carlos V. sólo poseía seis utensilios de este género. En vez de café y de licores, se ofrecía vino refrescado con hielo y aromatizado con canela, clavos, incienso y miel. Ese era el momento en que aparecían juglares, músicos y acróbatas, que tocaban el arpa, la cornamusa, la chirimía, y, al mismo tiempo, mostraban títeres y animales adiestrados, hacían habilidades sobre cuerdas, y juegos y truhanerías. Después se presentaban trovadores y troveros que cantaban y recitaban trozos de los cantares de gesto o las hazañas de Carlomagno y del Cid.
El ajedres: fue uno de los juegos favoritos de los señores feudales: era originario de oriente y tuvo una amplia difusión en Europa con la llegada de los árabes. El entusiasmo que genero este juego tiene que ver con la actividad guerrera de estos señores. El ajedrez es un juego en el que se despliegan jugadas, tácticas y estrategias de tipo militar, cuyo objetivo es abrirse en paso entre las filas enemigas para capturar a su rey
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